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   Para entender la ciencia moral, seguramente lo mejor es aludir a seres humanos que se han ocupado de ella y estuvieron dotados de un fuerte sentido moral. Como advierte Aristóteles, la moral no se aprende en los libros, sino en los hombres buenos, porque la realidad moral es justamente el hombre bueno, y para conocer la realidad conviene acudir adonde se encuentra. Los libros no son propiamente morales ni inmorales, sino unos trozos de papel donde se expresan algunas experiencias que se pueden asimilar por empatía o por algún tipo de interpretación. Pero el bloque real de la ética es el ser humano. (Leonardo Polo)

Quién era Sócrates

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socratesLa mayor parte de cuanto se sabe sobre él procede de tres contemporáneos suyos: el historiador Jenofonte, el comediógrafo Aristófanes y el filósofo Platón. El primero retrató a Sócrates como un sabio absorbido por la idea de identificar el conocimiento y la virtud, pero con una personalidad en la que no faltaban algunos rasgos un tanto vulgares. Aristófanes lo hizo objeto de sus sátiras en una comedia, Las nubes (423), donde se le identifica con los demás sofistas y es caricaturizado como engañoso artista del discurso.

Estos dos testimonios matizan la imagen de Sócrates ofrecida por Platón en sus Diálogos, en los que aparece como figura principal, una imagen que no deja de ser en ocasiones excesivamente idealizada, aun cuando se considera que posiblemente sea la más justa.

Se tiene por cierto que Sócrates se casó, a una edad algo avanzada, con Xantipa, quien le dio dos hijas y un hijo. Cierta tradición ha perpetuado el tópico de la esposa despectiva ante la actividad del marido y propensa a comportarse de una manera brutal y soez.

En cuanto a su apariencia, siempre se describe a Sócrates como un hombre rechoncho, con un vientre prominente, ojos saltones y labios gruesos, del mismo modo que se le atribuye también un aspecto desaliñado. Sócrates se habría dedicado a deambular por las plazas y los mercados de Atenas, donde tomaba a las gentes del común (mercaderes, campesinos o artesanos) como interlocutores para someterlas a largos interrogatorios.

Este comportamiento correspondía, sin embargo, a la esencia de su sistema de enseñanza, la mayéutica, que él comparaba al arte que ejerció su madre: se trataba de llevar a un interlocutor a alumbrar la verdad, a descubrirla por sí mismo como alojada ya en su alma, por medio de un diálogo en el que el filósofo proponía una serie de preguntas y oponía sus reparos a las respuestas recibidas, de modo que al final fuera posible reconocer si las opiniones iniciales de su interlocutor eran una apariencia engañosa o un verdadero conocimiento.

El universal

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   Sócrates no dejó nada escrito y las referencias a su doctrina hay que buscarlas en autores posteriores. El más autorizado es, sin duda, Platón. Discípulo suyo durante unos diez años, sus primeros diálogos son de marcado tinte socrático. Por el contrario, en sus últimos escritos Platón prescinde totalmente de Sócrates, lo que hace suponer que cuando aparece en los diálogos como interlocutor principal Platón está transmitiéndonos su doctrina.

   Por otro lado, Aristóteles estuvo veinte años en la Academia de Platón, de modo que su opinión con respecto a Sócrates etás más que autorizada. Aristóteles consideraba que a Sócrates se le puede atribuir el empleo de los razonamientos inductivos y de la definición universal, es decir, que Sócrates se ocupó de la posibilidad de alcanzar los conceptos precisos y fijos a diferencia de los sofistas que tenían teorías relativistas.

   Para Sócrates, el concepto universal siempre es el mismo, lo que varía son los ejemplos concretos, de modo que existe lo que no cambia y eso es el concepto universal, la definición de los objetos. Hay que reparar en que si el concepto no fuera universal, el conocimiento verdadero no podría ser alcanzado por todos. Realmente es lo que pensaban los sofistas con su relativismo acerca de la verdad.

   El conocimiento universal es adecuado para averiguar la esencia de las cosas, Sócrates considera que el concepto universal representa la base sólida para que los hombres pudieran salir del relativismo de las doctrinas sofistas.

   Para los sofistas, la justicia, por ejemplo, es diferente de una ciudad a otra, en cambio si se logra una definición universal de lo que significa la justicia para que sea válida para todos lo hombres, se podrá tener algo seguro sobre lo cual construir y se podrán juzgar las acciones individuales con códigos comunes a todos los estados.

   Según Aristóteles, Sócrates utilizaba el razonamiento en el plano de la dialéctica o conversación, guiando a su interlocutor a arriesgar definiciones hasta llegar a la más precisa, o sea a una definición universal y válida, procediendo de lo particular o menos perfecto a lo universal o más perfecto.

Sócrates llamó a este método “mayéutica” (obstetricia) haciendo referencia a su madre que era partera, como un símbolo de su intención de que los demás diesen a luz ideas verdaderas.